VERSOS AL AIRE

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(Antología junto a otros 7 poetas) AUTOPUBLICACIÓN 2003

PRÓLOGO

Una Antología

Ocho poetas españoles, residentes en Móstoles (Madrid), se reúnen periódicamente y, al calor de la amistad, hablan de poesía, recitan sus versos y divagan sobre lo humano y lo divino. Hoy unen sus voces para darse a conocer en esta Antología.

Procedentes de diversas regiones de España, les une la vocación literaria y un legítimo afán de expresar verbalmente un mundo interior rico en vivencias, sueños, ilusiones y sentimientos.

La mayoría declara su admiración por la obra de Miguel Hernández. Otros nada dicen, pero revelan sus aficiones, sus lecturas de los poetas de la Generación del 27, sus afinidades y simpatías por el Romancero y el Cancionero traiciónales. Se advierten ecos y resonancias de Gil Vicente, Rafael Alberti, García Lorca, algo de Cernuda y mucho de la copla popular.

Todos conciben la poesía como expresión libre del sentimiento. Creen, por lo tanto, en la espontaneidad del acto creador y consideran que son innecesa­rios tos rudimentos retóricos y las referencias estéticas. Más aún, les trae sin cuidado.

Espíritus románticos extraviados en el siglo XXI, cantan con palabra sencilla a las cosas sencillas: al hogar, la familia, a la tierra natal y su entorno, el paisaje, las flores, las imágenes religiosas, el trabajo y los conflictos.

Cuatro mujeres y cuatro hombres agrupados en la Asociación Española Amigos de la Poesía, desnudan su alma y cantan al amor en todas sus mani­festaciones, desde el encantamiento de la primera cita hasta el desencanto de la ruptura y la despedida. Se lanzan, como dice uno de ellos, a “abrir ventanas, derribar fronteras, / ser sonora palabra del silencio”.

De eso se trata, de expresar lo inefable, lo invisible, lo que sólo la poesía es capaz de decir, de revelar a través de la música verbal, del verso y del poema.

Larga vida les deseo a estos bardos iluminados de Móstoles y que sus inquietudes y trabajos florezcan en este nuevo milenio tan necesitado de poesía.

PEDRO SHIMOSE

Algunos Poemas:

MANOS

Para enterrar el hacha.
Señalar al canalla sin conciencia.
Elevar en los juegos
inocentes sonrisas…

Otear el horizonte imprevisible.
Saludar la sonrisa del amigo.
Secar un triste brillo
de unos ojos que imitan la alborada.

Para dejar su ayuda en otra mano.
Para sentir la piel hecha deseo…
Míralas,
tócalas…
Recias y sobrias,
forjadas con sudores
del quehacer cotidiano;
para el amor afables,
para el trabajo dignas
y dos canes furiosos en defensa.

Si no las poseyera,
cuando el enojo muerde las entrañas
ante las injusticias,
por tanta muerte absurda,
cuando el horror y la visión del hambre
clavaran sus espuelas en la carne,
¿qué otra parte del cuerpo crisparía?

De que forma sonora festejara
aquello que emociona los sentidos,
soportara los pesos cotidianos
y vaciara mi ser en las cuartillas…
si no las poseyera.

PRECEPTO DE POETA

Abrir ventanas, derribar fronteras,
ser sonora palabra del silencio;
ser espuma que absorbe, a su caricia,
las agudas aristas del roquedo;
ser ave sin estado ni barreras,
ser ciudadana nube de lo inmenso,
ser esa flor que deja su fragancia
en la mano que la arranca del suelo;
ser aire que abra puertas a la pena
y ventile callados recovecos,
ser embrión que arraigue en las personas
un fruto agraz, como un desasosiego
por las llagas del mundo, las penumbras
donde germina el beso de los hielos;
ser como esas pequeñas avecillas
que, cuando se marchitan los luceros,
le cantan al albor de la mañana
anunciando la luz que baña el suelo:

Ser poeta simplemente, disgregarse
atomizado en sílabas y versos,
volcando en el papel las inquietudes
-no en un acto de vano pensamiento-
dejándose la carne entre las letras,
buscando que el poema sea un espejo
del alma del autor y se confunda
cual es el que respira, y cual reflejo.

CANTO AL LLANTO EXULTANTE

Con las puertas de la emoción abiertas,
abierto el ventanal de los sentidos
(como flores que se abren a la luna
embebiendo las gotas del rocío)
no te importe llorar.
No te importe llorar cuando florezcan
los brotes que embellecen ese huerto
que has ido laborando lentamente
en el edén del alma, en el silencio
sonoro de la mente, donde labran
la bondad y el amor un surco tierno.

No canto aquí al dolor que nace de la afrenta
ni un llanto de temores y de zarpas
ni al oscuro aguijón que deja huella
en la carne y heridas en el alma,
ni a ese que engendra brillos
de rencor y fiereza solapada.

Canto al llanto exultante
que, aunque no aflore, impregna la mirada
y corre por las venas
como un gel de diamantes
limpiando las entrañas.

Y canto a la razón que lo germina:
canto al agua que suena,
a la luz matutina
que sonroja la atmósfera,
a la palabra que parece divina,
a esa foto que viaja en la cartera,
a una mano leal entre las sombras,
a aquel ser no olvidado con el tiempo,
al júbilo del bosque,
al discurso más suave de los vientos,
a un amor sin respuesta,
al incesante afecto…
a todo aquello que emociona y tiene
poco valor, pues nadie
implantó justiprecio al sentimiento.

Cuando brota de fuentes emotivas
no te importe verter gotas de un néctar
más puro que el de estambres y pistilos.

Seguro que los ángeles alientan
hacer un elixir con tus suspiros.

AL ABETO PERDIDO POR UN APARCAMIENTO

La noche se ha posado
sobre sus ramas.
Fueron
trono ávido de trinos,
hoy, esqueleto inerte.
La noche, en pleno día,
a todas horas, puso
seco luto en sus hojas
velando veraz vida.

Múltiples primaveras
miles de alas crearon
—jugaban en el viento
con plumas aceradas—
que arropaban su espacio
dando sombra a la acera,
reflejos a la luz
y al tordo su escenario:

Limitada hermosura,
como una peca verde
en el rostro de asfalto.

Acude el agua: ¡llueve!,
resbala por un árbol
insensible a su beso.
Quiere naturaleza
dar bálsamo, ternura,
reavivar lo que extingue
la negligencia humana;
pero resbalan, ocres,
las lágrimas, robando
los funestos colores,
sobre el desnudo grito
del abeto inmolado.

ARCO IRIS DE PETALOS

No fragor ni aspereza.
Deleite, paz, dulzura.

Arco Iris de pétalos:
azul, blanco, amarillo…
los rojos, saturados,
derivan en violáceos;
son primorosas luces
saludando a la aurora.

Invaden los sentidos,
en esta “Rosaleda de Madrid”,
ensueños de ilusión adolescente,
de voluptuosa esencia,
de enamorado abrazo vespertino.

Nacen como promesas,
viven como latidos
de musicales versos,
en ardoroso instante
de estrellas terrenales
y dejan una estela
de néctar y recuerdo.

Cada flor, cada arbusto,
fue antes un pensamiento,
una inquietud amada
-esperanza y silencio-
dejando que la luna
y el viento la crearan.

Después, el sentimiento
tomó perfil de copa,
los tallos elevaron
románticos hechizos,
seductoras caricias,
engalanadas formas
bautizadas con nombres
de damas y misterio.

(Los nombres son requiebros
evocando las rosas,
suspiros exhalados
al susurro del viento).

CON RAÍZ EN EL ASFALTO

Me apenan esos árboles
que, llenos de hojas grises,
salpican las ciudades
metódicos y tristes.

Me arañan las miradas
de gatos que mendigan,
bajo algunas ventanas,
las sobras de comida.

Me apenan los jardines
de verdes soledades
que duermen en las calles
sin madurar abriles.

Y las flores que viven
detrás de escaparates
donde las mariposas
nunca podrán posarse.

Y esos viejos que olvidan
el olor de la tierra,
el color de los campos,
el rumor de la hierba…
sentados en los bancos
de asfaltadas praderas.

LA PODEROSA VOZ DE LOS TROQUELES

Llegaron y dijeron;
“elígenos, pues somos
los que mejor podemos consolarte…”,
“vamos a alzar el mundo,
será el pan para todos y la noche
se bañará de luz y confianza”.

Pero no maduró la flor de la utopía,
y las manos sumisas y sudadas
no supieron del pan de las promesas.

Hubo otros que llevaban un disfraz
de hermoso credo, de palabras limpias,
amplias promesas de salvar al hombre
y un emblema de amor sin decadencia;
esos tampoco hicieron grandes cosas,
pues tallaron el dogma a su medida
y el símbolo fue usado, cual moneda,
en transacción de vidas…

Entre ellos reajustaron las palabras
injertando, podando…
-mercaderes de sueños e ideales-
por conseguir el árbol más ameno,
el más frondoso… donde radicar
heterogéneas aves en su copa.

Anteriores a ellos hubo muchos
y muchos más vendrán
trinando entre las ramas de la historia
gorgojeos de consignas,
erigiendo castillos de cristal
en el pecho optimista del humano.

Seguiremos bañándonos en aguas
saturadas de frases y de gestos,
suscribiendo lo hermoso que sería
hacer feliz el mundo.

Y seguirán hablan, hablando, hablando…

Pero el fragor de troquelar monedas
tiene mas voz que todos los hambrientos.

CANTO AL LLANTO EXULTANTE

Llegaron y dijeron;
“elígenos, pues somos
los que mejor podemos consolarte…”,
“vamos a alzar el mundo,
será el pan para todos y la noche
se bañará de luz y confianza”.

Pero no maduró la flor de la utopía,
y las manos sumisas y sudadas
no supieron del pan de las promesas.

Hubo otros que llevaban un disfraz
de hermoso credo, de palabras limpias,
amplias promesas de salvar al hombre
y un emblema de amor sin decadencia;
esos tampoco hicieron grandes cosas,
pues tallaron el dogma a su medida
y el símbolo fue usado, cual moneda,
en transacción de vidas…

Entre ellos reajustaron las palabras
injertando, podando…
-mercaderes de sueños e ideales-
por conseguir el árbol más ameno,
el más frondoso… donde radicar
heterogéneas aves en su copa.

Anteriores a ellos hubo muchos
y muchos más vendrán
trinando entre las ramas de la historia
gorgojeos de consignas,
erigiendo castillos de cristal
en el pecho optimista del humano.

Seguiremos bañándonos en aguas
saturadas de frases y de gestos,
suscribiendo lo hermoso que sería
hacer feliz el mundo.

Y seguirán hablan, hablando, hablando…

Pero el fragor de troquelar monedas
tiene mas voz que todos los hambrientos.

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