EDICIONES BOHODÓN  2014

PRÓLOGO

Las sombras del camino es el grito que quiere despertar a una humanidad que cierra sus ojos para no ver.
Primitivo Oliva deja esta vez en segundo plano el lirismo, el juego de palabras, la belleza de su poesía. Y no porque no sean igualmente hermosos y perfectos sus versos, sino porque lo que dice/grita lleva dentro tanta fuerza, tanto drama, tanta denuncia y llanto, que el lector olvida el poema, olvida las palabras, y abre la conciencia a la tremenda realidad del mundo.
Porque el planeta ultrajado por el hombre llegará a convertirse en un “cementerio sin fronteras” y la codicia puede “ahogarte la palabra con su cieno”, en esta “sociedad llena de costras” en la que

“los jóvenes ya parecen viejos…
…los viejos lloran como niños…
…los niños privados de sus juegos”

Habla de soledades y anémicas tristezas disueltas en muchedumbres: de fronteras de tierras ensangrentadas. .A Primitivo le duele en lo más profundo el rencor de los violentos: “¡qué desiertos tendrán dentro del alma!”
Pero, sobre todo, el sufrimiento de las víctimas:

“usurpa de pétalos las flores…
…en un rostro satélite que, poco
a poco, va quedándose marchito”
Y los desheredados, el mendigo que
“va arrastrando los pies detrás de un carro
con el nombre de un súper”
en el que quizá guarda
“recuerdos de la sombra
que una vez tuvo fiestas en su piel”

Los niños que “hurgan en las entrañas del hueso de la tierra”
Los paralelos del hambre que empujan a cruzar desiertos y mares “como huyendo”, pero “el mar no digiere carne humana”
También las personas que buscan paraísos
“libando el néctar
de las flores prohibidas o secretas…
esa circunstancia …desenfrenó corceles en sus venas”
y son quemados cual Ícaros en tempestades de “polvo níveo”.

Primitivo alza su grito a las fuerzas que mueven las galaxias, a los amigos ancestrales de nuestra tierra. Pide ayuda para nuestra sociedad enferma, para este planeta onvulsionado,
Gaia, herida, que se ha quedado sin sueños, y tiembla:
“el planeta sufre…
…un drama con final de cementerio”
Las guerras como halcones que despluman a la paloma en sus garras:
“la estridencia del caos asfixia el alma”

Los refugiados, con su: “ir de cualquier lugar a ningún lado
…donde no fructifique la semilla del miedo”
A veces le pesa el llamarse “humano” “He visitado el odio…y era frío”

Pero del alma de Primitivo surge luz, porque: “solo el pasado vuela sin remedio”
y desde 10.000 pies de altura: “no existe el individuo,
…no hay guetos… ni miserias”
y aún encuentra esperanza en que algunas personas “diáfanas, etéreas…,
con linaje de viento,
ven que su corazón y fantasía
desborda los senderos”

El amor redime, la sonrisa cura. Las personas como Primitivo Oliva lo demuestran día a día poniendo su grano de arena:

“los justos y poetas
echaremos arena a las bisagras
que mueven los tiranos,
qué crujan sus conciencias oxidadas”
Este poemario es el grito de desesperación de un poeta que mira con los ojos abiertos; es el llanto, es el miedo, es la denuncia de alguien que siente todo el dolor del mundo. El valor
de un artista/hombre en no silenciar las sombras.

A pesar de toda la irracionalidad del odio y la codicia, Primitivo Oliva aún confía en las personas, y nos lo demuestra con palabras de esperanza. Nos enseña que si aún hay amor y compasión, estamos ¿o no estamos? a tiempo.

Es el poeta que acaricia con sus versos:“abre alas a la luz hecha caricias”
y deja una estela de esperanza:“que el balbuceo de un niño
hace temblar el ánimo
más que un fragor de bombas”
“…Por eso, cada día,
me afirmo en el humano.
…en los gestos afables
y su acción solidaria.”

Y para demostrarlo, este poemario, que nos llega como lo que es: el abrazo de un poeta con alas, el abrazo de un hombre bueno.

Rocío Ordóñez Rivera

Algunos Poemas:

A LA DERIVA

Se siente poderoso el ser humano
ya que no hay horizontes que lo frenen
o alturas imposibles de lograrse,
porque goza de bienes y prestigio
—dominador del éter y las aguas—
y posee las armas que podrían
extender cementerios sin fronteras.
Se sueña poderoso, porque marcha
por la calle dorada del progreso
y ha derribado tapias que tenían
rincones escondidos y confusos.
Ensueño que termina en breve urna
o un puñado de tierra lo disgrega.

En tanto, deambulamos por la vida
lo mismo que el planeta en el espacio,
navegando por mares sin marcar
en los mapas, sin vigía ni sextante,
y sin tener el mando de la barca.
¡Leve cosa, este pecio
flotando en su arrogancia!

SEÑUELOS DE SIRENA

Ya te enlazan el cuello con sus brazos
y te envuelven con cálidas promesas
y siembran ilusiones en tu pecho
con tentador halago…
¡Vanas estelas, cercos
que atrapan tu existencia
cercenando los ámbitos del vuelo!

Ya te ponen sus vaporosas alas
y te empujan con fuerza hasta su reino
fabuloso… ¡ País de la cucaña
donde rige el señuelo!

Ya te incitan a pisar el abismo,
con su dorada ruta por calzada.
Y cuando gritas: ¡Pierdo el equilibrio!
te adelantan su pértiga con cebo,
y muerdes confiado su carnaza…
¡Caíste en el anzuelo!

ECOS

¡Una mano, una mano…!
Se escucha en las esquinas.
¡Una mano…!
Suplican
en las bocas del metro.
¡Una mano…!
Es el eco
que nace en las favelas,
perdidos campamentos,
en guetos de miseria,
y desterrados pueblos.
¡Una mano…!
Los jóvenes
que ya parecen viejos.
¡Una mano…!
Los viejos
que lloran como niños.
¡Una mano…!
Los niños
privados de sus juegos,
las personas sin metas,
corazones sin sueños,
los árboles sin selva
y lagos sin espejo.
¡Una mano…!
Unas manos
que no dejen silencio.

SE VEN, LUEGO EXISTEN…

Invaden tu indolencia y conformismo,
en tiempo de trabajo o de recreo:
Tranquilos
excitables
azorados
blancos
mestizos
negros
dementes
razonables
soñadores
con música
silentes
con lamentos
limpios
astrosos
sucios,

invaden tu conciencia e intelecto
en esta sociedad llena de costras,
en el coche
andando
por el metro
mezquinos
marginales
pudorosos
nativos
regionales
extranjeros
en la noche
al alba
al mediodía
Niños
jóvenes
viejos…

LAS VOCES OLVIDADAS

Gritan… son puñetazos en el viento,
estruendo de volcanes desgarrados
entre llagas de abiertos corazones.
Los gritos-estiletes van derechos
a lacerar los ojos, resonantes
destellos de tormenta cuyo grito
hacen temblar el cielo
más que a la misma carne.

¡Hay en el viejo libro de la tierra,
tantas huellas dejadas por la sangre,
tantos signos de lágrimas en líneas
escritas con temblores de suplicio!

Un grito, mil, millones
de manchas imborrables oscurecen
las páginas que albergan esa historia
de nuestra convivencia.

Y también hay silencios:
Silencios como noches eternas y finales,
silencios como lechos de ciénagas sin pulso,
cavernales silencios que contienen
un vendaval de gritos,
cuando ya se ha disuelto la ilusión en el hombre.

MÚSICO BOHEMIO *

La luz de los neones, con un velo
que esparce por rincones del subsuelo
su palidez sobre la tapia abúlica,
no invita al estrellato de la música
nacida entre los dedos de un poeta
que rima, con la voz de su trompeta,
en el Metro, sonidos de armonía
junto a cualquier estrecha galería.

Hay quien lo ignora: cosas de la prisa.
Hay quien deja monedas, quien, sonrisas,
mientras él hace un gesto agradecido
brindando su talento a los oídos
de todos los que pasan, pues unida
a la del instrumento va su vida.

Y seguirá tocando…
La mirada
acaso le descubra en madrugada
bajo tristes farolas, bajo el hielo…
La funda y unos euros por el suelo.

Y seguirá tocando, aunque la gente
le deje un ademán indiferente.

*Poema finalista, VI Certamen Poemas sin Rostro.

CON ALAS DE CRISÁLIDA

Ese que tiene dedos con falanges
y metacarpos hueso de serpiente
constrictora, al pecho le carcome
un corazón de furia que espolea
su sangre de vitriolo y alquitrán
y en su boca quelíceros de arácnidos
laceran a la víctima enredada
en la urdimbre machista de su género.

Ese con incisivos icebergs
de maneras, palabras y silencios,
que llaga la sonrisa de la mar,
insertando el dolor de sus aristas
a un corazón de espuma que desploma
níveos sueños en lágrimas de angustia.
Aire que en sus desiertos se origina
no sirve para dar vida de oasis,
solo usurpa de pétalos las flores
con ráfagas de arena y menosprecio.

Sus ojos de cenizas le sepultan
el encanto de fuentes florecidas
en un rostro satélite que, poco
a poco, va quedándose marchito,
porque él no pone luz que lo ilumine,
porque todo su aliento es una nube
de truenos, huracanes y granizo;
o erupciones volcánicas lanzando
el lóbrego batir de unos tambores
que en su idea selvática del mundo
no tocan por la paz.
Su fanatismo
fusiona las tinieblas con el alba,
crea una ensombrecida soledad
que hace desvanecer todo sendero
para huir de la sima hacia el albor,
donde sacie de flores su mirada,
la mariposa de corazón vejado
por alfileres de maltrato y furia.

Asistir a tu vuelo dignifica.
Reaparece, mujer, tras los tentáculos
de hierro, igual que una crisálida
cuando rompe la celda que la oprime
y abre alas a luz hecha caricias.

Vuela feliz, mujer, que hay cielo raso,
puede besarte el sol y es primavera.

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